lunes, 23 de febrero de 2015

Tú... ¿perdonas?

Todos lastimamos. Así sea el hombre más bueno del mundo dando gratuitamente el amor más puro, de repente alguien que no pueda recibirlo (y menos aún corresponderlo) puede sentirse ofendido. Para mencionar un ejemplo extremo del antedicho: "Todos lastimamos".

Jesús dió un mensaje superador: perdonémonos todos, todo... perdonémonos siempre. Él entendía muy bien esto. Que nos lastimamos, por roces, por meros "yoes". Perdonar... es lo que tenemos que hacer. Me queda muy claro. En esto habría tres niveles:
Desesperar las debidas disculpas: es decir "hacer la vista gorda" al daño recibido. Esto conduce al daño repetitivo. Eventualmente a un odio irreversible.
Esperar pacientemente las debidas disculpas: es decir saberse alejar de quién te lastima impunemente. El amor es un don a administrar, así sea guardándolo en un buen recuerdo.
Esperar las debidas disculpas orando: este es el paso superador de los dos anteriores. Claro que no desespera, es decir que no cae en posibilidades de nuevos maltratos debido a una falta de reconocimiento de los mismos; claro que no espera las debidas disculpas solamente: aquí reza por el/la agresor/a perdonándolo ya, haya o no una reconciliación más tarde en la vida.

(Te aliento...
...a que sepas administrar tu amor.)

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